La Cueva de Chauvet y sus pinturas paleolíticas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Caballos de la cueva de Chauvet. Datan de unos 32.000 años

Friso de los caballos. Panel de seis metros de longitud. Data de unos 32.000 años

 

Testigo atemporal de la comunión entre la naturaleza y el hombre, la Cueva de Chauvet, ha sido inscrita el pasado 22 de junio, como Patrimonio Mundial de Humanidad por la UNESCO.

La cueva situada en las inmediaciones del río Ardèche, al Sur de Francia, fue descubierta en 1994 por tres exploradores, entre ellos Jean-Marie Chauvet, de quien toma el nombre. Atentos a corrientes de aire que indiquen la presencia de cuevas, los investigadores dieron con un hueco al costado de un acantilado. Tras remover las rocas lograron generar un estrecho espacio: el acceso a un mundo desconocido. Descendieron. Recorrieron la cueva, embelesados ante la belleza oculta por el tiempo. Tal sería su asombro, cuando muy en el fondo del recorrido hallan pinturas que, hoy sabemos, datan de unos 32 mil años, protegidas por la propia montaña que estuvo sellada e inmaculada durante decenas de miles de años.

Leones de la cueva de Chauvet

Leones de la cueva de Chauvet “un testimonio único y excepcionalmente bien conservado”, según declara la Unesco.

Las pinturas paleolíticas aquí preservadas, presentan trazos sueltos, frescos, de tonalidades que oscilan del negro más profundo al rojo indio, colores de la tierra. Conviven con ellas rasguños, huesos, huellas de la más extraordinaria fauna que habitó el mismo espacio, aunque no siempre el mismo tiempo. Las imágenes presentan un mundo natural de detalles exquisitos, algunas incluso siguen la forma sugerida por la piedra, otorgado un efecto tridimensional que añade maravilla al encuentro. Imaginando al hombre antiguo frente a las figuras, enriquecidas por el reflejo y juego de sombras que ofreciera la posible presencia del fuego, uno advierte movimientos, sonidos, aromas… el poder y la riqueza de aquel ambiente de una época tan lejana y, gracias a la revelación de la gruta, tan presente a la vez.
Cuando una pintura captura nuestros sentidos por la destreza de su técnica; cuando desafía nuestra mente, invitándonos a encontrar claves ocultas en su composición; cuando habla directo al corazón y nos hermana con lo invisible… el arte tiene el don de revelar y conectarnos con lo humano y lo divino, con el Creador y lo Creado… Pero cuando además, se suman a este sentimiento milenios de distancia, ocurre el milagro de lo imposible. La sensibilidad nos postra ante nuestro propio pasado, y nos reconocemos como seres cuya necesidad de comunicación, de eternidad, de trascendencia ha sido contemplada, concediéndonos el don de la expresión. Sólo puede surgir de este reencuentro con la memoria del Alma un profundo estado de agradecimiento.

El gran fresco de la gruta - foto JeanClottes

El gran fresco de la gruta – foto JeanClottes

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El enigma de Velázquez

Tal día como hoy, en 1599 , Diego Velázquez era bautizado en Sevilla. Se desconoce su fecha de nacimiento. Su obra cumbre, “Las Meninas”, meninas01_nachoa-ares-660x400 ha sido objeto de estudio de los más grandes expertos y eruditos, quienes trataron de desvelar la composición que conmueve y sorprende al espectador, incorporándolo dentro de la intimidad de la familia Real de Felipe IV. Les acerco las más destacadas hipótesis, presentes en este completísimo artículo del historiador español, Nacho Ares.

Un talismán doble

El desaparecido catedrático de Perspectiva e ingeniero de caminos Ángel del Campo Francés publicó en el año 1978 un magnífico tratado sobre este cuadro. Bajo el título de La Magia de las Meninas (Madrid 1978) Del Campo Francés desarrollaba en un basto catálogo de óptica y geometría, muchos de los secretos de la obra de Velázquez. Según estemeninas05_nachoa-ares catedrático, la solución al problema planteado por el cuadro yacía en el empleo de seis espejos, lo que explica la extraña posición en el espacio interior de la pintura tanto de Velázquez, la Infanta, las Meninas y los reyes reflejados en el espejo, que al contrario de lo que siempre se había dicho no eran los personajes dibujados sobre el lienzo que tiene ante sí Velázquez.
Cinco años antes, el profesor Jacques Lassaigne publicaba un magnífico tratado sobre el cuadro en el que aportaba una de sus verdaderas claves. En Les Ménines (Lausana 1973) Lassaigne demostraba el significado mágico de la obra afirmando que todo el conjunto era en realidad una representación mágica y protectora de la constelación Corona Borealis en cuyo centro destacaba la Infanta Margarita. Si unimos el corazón de las figuras de Velázquez, María Agustina Sarmiento, la Infanta Margarita, Isabel de Velasco y José Nieto, reconstruimos esta constelación cuya finalidad está enfocada claramente a la protección de la Infanta. Precisamente la estrella más brillante de Corona Borealis, la misma que ocupa la Infanta, se llama curiosamente Margarita.
Del Campo fue más allá y siguiendo la investigación iniciada poco antes por Lassaigne pudo precisar que en Las Meninas la constelación de Capricornio también desempeñaba un marcado papel protector. Efectivamente, si unimos las cabezas de los personajes del cuadro, incluyendo hasta el perro, obtenemos el símbolo de esta constelación cuyo círculo encierra y protege la representación de los reyes en el espejo del fondo del salón. Ángel del Campo lo relaciona a un homenaje de Velázquez a la reina Mariana de Austria. Precisamente por la luz existente en el cuadro y a sabiendas de la ubicación del salón en el antiguo Alcázar de los Austrias, se ha podido saber que seguramente el cuadro fue pintado poco después de las 17 horas del 23 de diciembre de 1656, fecha del cumpleaños de la reina. Velázquez no debió de tardar más de dos horas en realizar el boceto inicial marcando las zonas luminosas sobre el que luego desarrolló la escena.
La herencia velazqueña
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Todo parece encajar perfectamente. No se trata de un teoría descabellada. En absoluto. Velázquez, además de ser pintor de cámara y amigo íntimo de Felipe IV, también desempeñó la labor de Ayuda de Cámara y Aposentador Real, lo que le daba libre acceso a la biblioteca del monarca. A su muerte en 1660, junto a tratados de pintura y otras meninas04_nachoa-aresartes, en los aposentos del pintor aparecieron obras de Euclides, Leonardo da Vinci, el astrónomo Jerónimo de Chaves. Había además 16 libros de geometría, 12 más de otras ramas matemáticas, 30 de arquitectura y construcción, 14 sobre astronomía y cosmografía, y 9 sobre astrología. En total, 154 libros de los que más de 100 eran de ciencias. Si a esto sumamos los cinco telescopios aparecidos en sus aposentos después de su fallecimiento nadie se sorprenderá de que una de las grandes aficiones de Velázquez, según sus contemporáneos era subir por las noches a la torre del Alcázar para observar las estrellas. No es extraño entonces que Las Meninas escondan tras de sí un complicado horóscopo.
¿Dónde está Velázquez?

El misterio de la figura de Diego Velázquez ha conseguido superar con creces el paso del tiempo. Todavía no se ha dicho la última palabra en lo concerniente a la tumba de este insigne pintor, hoy totalmente perdida. Las excavaciones realizadas en la iglesia de San Juan, en la plaza de Ramales de Madrid, en donde se pensaba que podría encontrarse, han sido infructuosas.
Por su parte, el último rastro apareció en 1999 en la iglesia del convento de San Plácido ubicada en la madrileña calle de San Roque. En ese año al trasladar un Cristo yacente de la escuela de Gregorio Fernández se levantó la tarima de la capilla del siglo XVIII dedicada a la Inmaculada. Allí apareció no un enterramiento propiamente dicho sino dos cuerpos (un hombre y una mujer) llevados hasta allí en época y circunstancias desconocidas. No hay documentación al respecto por lo que no se sabe a quién pertenecen. Sin embargo, el hecho de que el hombre vaya vestido con el traje de la orden de Santiago a la que pertenecía Velázquez y que su edad fueran similares, lanzó a los medios de comunicación el bulo de que se había descubierto el cadáver del pintor de las Meninas.
No obstante, parece extraño que en la propia iglesia del convento de San Plácido tampoco exista la tradición de que allí se conservaran los restos del conocido artista.

© Nacho Ares 2014

Te invito a revisar el artículo completo en la página de Nacho Ares:http://www.nachoares.com/articulos/el-talisman-de-las-meninas/